Construcción de un ronroco

Construcción de un ronroco 

 

Para nuestro trabajo hemos elegido una  rolla  de  abedul  de unos  90  centímetros  de  longitud  y aproximadamente un diámetro medio de unos 30 centímetros.

La pieza ha sido extraída de la parte baja del tronco, donde el árbol carece de ramas   y  por  tanto no contiene nudos que puedan entorpecer nuestro trabajo en la misma. En esta zona, es donde las fibras de la madera crecen mas rectas y por tanto el veteado es  más  uniforme.  Por  otro  lado,  al tratarse de la parte mas gruesa y  añosa  del tronco,  esta  pieza  nos  proporcionará  madera  mas compacta, de mayor densidad y mejor calidad  que las extraídas de cualquier otra parte  del  árbol.

La tala del abedul deberá de llevarse a cabo durante los meses en los que árbol se encuentra en períodos de escasa actividad;  de esta forma la presencia de sabia será menor  por  lo  que  obtendremos madera   más  seca  y  evitaremos  en  gran  medida  la  tendencia  a  la formación de grietas.

Una vez elegida la pieza, que intentaremos sea lo más recta y  uniforme posible, procederemos a quitarle  la  corteza exterior  dejándola durante unos días en lugar donde pueda airearse hasta que podamos  observar que la humedad exterior va desapareciendo.

Es importante que durante este tiempo resguardemos la  pieza  del  sol directo, ya  que  el  calor  en  demasía  podría  provocar  grietas  que  la harían inservible.

Este periodo  de  secado, puede  variar dependiendo de la época en la que el árbol haya sido talado,  ya  que  como  hemos  dicho, esto influye directamente en la cantidad de sabia que circula por el tronco.

 El siguiente paso consiste en dividir longitudinalmente el tronco en dos mitades.

Para   esta   labor   sería   recomendable llevar la pieza a un aserradero.  En estos lugares se cuenta con sierras de cinta de gran   tamaño ,   las   cuales   facilitan   el trabajo   enormemente  y   nos  ayudan  a obtener un corte recto y uniforme.

 

 

Una vez llegados a este punto, confeccionaremos un croquis del instrumento en el que iremos acotando las medidas del mismo.

Posteriormente lo plasmaremos en papel a tamaño real y utilizaremos esta plantilla para marcar el contorno sobre la pieza que vamos a trabajar.

           

De esta manera podemos ir aproximando las medidas exteriores a partir de rebajes consecutivos de la pieza, que serán paulatinos y con periodos de secado entre uno y otro.

Para esta labor emplearemos el hacha y posteriormente el bastren (siempre utilizándolo a favor de la veta para facilitar un tajo limpio que no astille la madera).

            

 

 

   

 

 

De igual manera, debemos diseñar el plano del instrumento en vista de perfil y al igual que con la vista en planta, lo plasmaremos en papel a tamaño real.

Es conveniente tener estos planos acotados siempre a la vista para irlos cotejando con el trabajo y en un momento dado rectificar cualquier desviación.

Periódicamente vigilaremos el estado de la madera observando si se produce alguna grieta. Debemos prestar especial atención al corazón del árbol ya que al poseer mayor cantidad de sabia, su predisposición para agrietar aumenta considerablemente.  

Ante la mínima señal de aparición de  fisuras en la pieza, aplicaremos una buena capa de tapaporos  celulósico en  toda la zona afectada y la dejaremos secar para posteriormente seguir trabajando.

 

Una vez aproximada la caja exteriormente, remataremos un poco el trabajo ayudados del cepillo de carpintero o garlopa, de esta manera eliminaremos los rebordes que se producen en la madera por el uso del formón y el aspecto exterior será mas uniforme. Es recomendable aplicar entonces una capa de tapaporos que selle fisuras y preserve la pieza de posibles fluctuaciones.

 

 Posteriormente procedemos al ahuecado de la caja, para

lo cual utilizaremos principalmente la gubia.

En este proceso debemos de hacer mención especial a una peculiar herramienta que también nos puede facilitar enormemente la labor:  la legra, un tipo especial de cuchilla fabricada en  acero y arqueada, con corte en ambas caras.                                                                                           

                                                                                                                         Ahuecando la caja mediante gubia

Proceso de ahuecado de la caja mediante legra

 

Continuaremos mermando la pared de la caja hasta conseguir un espesor aproximado de  unos  8 milímetros, que será constante  y  uniforme  a  excepción  del  borde  en  el que  ensancharemos  la medida hasta algo más de un centímetro.

Este ensanchamiento de la pared permitirá un  perfecto  encolado  con  la  tapa  armónica  ya  que aumenta la superficie de contacto con la misma y nos evita tener que fabricar las típicas piezas  de refuerzo a lo largo de todo el borde interior  de  la  caja.  Finalizado  el ahuecado, procederemos al pulido exterior mediante lijados consecutivos que mermarán la pared hasta lograr  un  grosor  de  5 milímetros  y no más de 10 en el borde.

            

Rebaje de la cintura mediante escofina.

En este proceso de acabado exterior de la caja,  podemos ayudarnos de la escofina  para  rebajar la cintura del charango y lijas de varios gruesos (cada vez  mas finos) para concluir  el  pulido de  la misma.

                         

Proceso de Aproximación del mango y la pala.

Una vez rematada la caja nos ayudaremos de la garlopa y el bastren  para dar forma al mango  y a la pala, trabajo que concluiremos con lijados consecutivos en los que iremos  mermando  el  grano.

 

El siguiente paso consiste en practicar un rebaje de unos tres milímetros a lo largo de todo el borde de la caja.

El sentido de éste, no es otro que el de albergar la tapa armónica; de tal manera que una vez situada sobre la caja, su borde superior quede en el mismo plano del mástil. Para este trabajo, emplearemos la fresa, que además de facilitar la labor enormemente, contribuye con un acabado de calidad.

A continuación construiremos las dos costillas que irán encoladas  bajo la tapa, a ambos lados  de la boca; para lo cual será necesario un cuadradillo de pino de un  centímetro de lado y unos  30  de largo, a partir del cual mecanizaremos las piezas según se detalla en el croquis.

 

Las costillas habrán de ser alojadas en la caja a 7 y 13   centímetros respectivamente del borde superior.  Para  ello,  practicaremos  con formón los correspondientes rebajes donde las encajaremos encolándolas.

Supervisaremos   que   su   cara   superior   y   el  borde  de  la  caja, mantengan un mismo plano ya que de esta manera aseguramos  un perfecto contacto con la tapa armónica.

Por último aplicaremos una buena capa de tapaporos  celulósico  al interior de la caja.

 

Para concluir con el cuerpo del instrumento, vamos a retomar la pala, en la que marcaremos la ubicación de los clavijeros así como  las  ranuras    del cordaje.

Con una broca  de 12 mm.  para  madera  y  posteriormente  con formón  y escofina plana, eliminaremos la madera sobrante y con broca de  10 mm., practicaremos los agujeros que darán cobijo a las clavijas.

La inclinación de la pala respecto al plano superior del mango se situará en torno a los 10º y el grosor de la misma rondará los 12 mm.  Esta última cota podrá variar en función del tipo de clavijero que vayamos a emplear.

                                

Por otro lado separaremos una greca de marquetería de unos  20  centímetros  y  dos  láminas  de contrachapado de  0.6 mm. de espesor.

Estas   tres   piezas   que   más   tarde   ensamblaremos,   formarán   el   remate   de   la   pala.

Hasta este momento, hemos trabajado el cuerpo del instrumento; a partir de  ahora  construiremos las restantes piezas que lo componen.

El acabado del mango  se  llevará  a  cabo  una  vez  tengamos  encolado  el  diapasón;  al  mismo tiempo daremos también forma definitiva al tacón de la caja.

El remate  de  la  pala,  será  el  último  trabajo  de  mecanizado   y  ensamblado  de   las  piezas  y precederá a los procesos de tintado, barnizado y pulido. 

 

Para fabricar el diapasón, seleccionamos una regla de madera de  unos  70  milímetros  de  ancho por 4 de grosor y unos 330 de largo. El material,  como  ya explicamos en  su  momento,  debe  de atender a una serie de requisitos que en nuestro caso  hemos  encontrado   en  su  totalidad  en  el “palo de hierro”; madera de alta densidad, buena estabilidad y que se presta a  un  buen  acabado estético.

A partir de la tabla expuesta en el apartado dedicado a las Medidas de la Regla, calcularemos las distancias a las que habremos de colocar los trastes en el diapasón.

Para ello multiplicaremos los  porcentajes  de  la  cuerda  por  la medida total de la misma, que  en nuestro  caso  es  de  48  centímetros. De  esta  manera iremos obteniendo las longitudes entre  la cejuela y los distintos trastes.

Al pie de estas líneas, se puede observar el gráfico de la regla y las distancias a las que habremos de ir efectuando los cortes correspondientes donde posteriormente alojaremos los trastes.

 

En un primer paso y  ayudados de una  escuadra  y  un  lapicero,  trasladaremos  meticulosamente estas medidas a la regla. 

Para efectuar los cortes en el diapasón emplearemos una sierra  de sección muy fina. Las sierras de pelo usadas en marquetería pueden servir, aunque obtendremos mejores resultados utilizando una sierra de hoja más firme (de costilla o de ebanista), ya que de esta manera lograremos que la profundidad de las canaletas sea uniforme, (en el  caso   de las sierras de pelo suele aumentar en  los  extremos  debido a su gran  ductilidad).

Efectuaremos los cortes ayudados de la escuadra que nos asegurará serrados perpendiculares y uniformes. Posteriormente perfilaremos el diapasón en cuña atendiendo a las medidas expuestas en el croquis, rematando el lado mas ancho en media luna y aplicando  lija fina en su acabado.

Una  vez  concluido  este  trabajo,  procederemos  a   la  colocación  de  los  trastes,  que   iremos insertando a presión ayudados del  mazo  de  madera,  hasta  lograr  encajes  perfectos,  sin  que ninguno de ellos sobresalga  en altura del resto. Tan solo quedará cortar los  trozos  sobrantes  de los trastes y rematarlos mediante lima de metal, concluyendo el acabado con  pulidos  a  base  de  lija muy fina. 

                  

Colocando trastes                                           Diapasón trasteado

 

 

En ciertas casas especializadas en recambios de instrumentos musicales, es posible conseguir trastes  en barras o incluso en rollo, aunque también existen firmas fabricantes de guitarras que los suministran cortados en piezas de unos siete centímetros y que consideran un recambio más de la guitarra, por lo que no nos resultará muy difícil hacernos con un juego.

               

                   Juego de trastes

 Trastes suministrados en barra

Si aún así, no logramos contactar con alguna tienda  que  nos pueda  proveer,  siempre  podremos reutilizar los trastes del algún viejo instrumento inservible o que tengamos en desuso, aunque la labor no es muy sencilla.

Primeramente extraeremos los viejos trastes ayudados de una espátula y procurando no doblarlos. Después iremos ubicándolos en las canaletas de la nueva regla,  intentando  nivelarlos  todos  a  la misma altura ya que de no ser así, se producirán cerceos a la hora de tocar el instrumento.

Si una vez encordado, vemos que esto ocurre,  debemos  de  localizar  los  trastes  problemáticos. Para ello iremos tocando nota a nota de graves  a  agudos, recorriendo el diapasón en  todas  sus cuerdas y marcando con rotulador los trastes que presenten problemas.

El paso siguiente es quitar las cuerdas y proteger todas las zonas que  puedan  resultar  afectadas cuando posteriormente limemos los trastes.

Utilizaremos una lima de grano fino de unos 25 cm. de longitud o bien una piedra de carbonuro. La presión de la lima debe de ser uniforme y el limado longitudinal y lento comprobando frecuentemente que el rebaje no exceda de la altura deseada.

Una vez corregidos todos los defectos de trasteo y ayudados de una lima curva, le devolveremos a los trastes manipulados su acabado original. Por último los puliremos con lija muy fina.

El siguiente paso será la  preparación  de  la  tapa  armónica,  que  fabricaremos  a  partir  de  una lámina de  pino  armónico  de  315  por  215  milímetros  y  con  un  espesor  de  3  a  4  milímetros.

Probablemente es esta la pieza más difícil  de  conseguir  y   a  la  vez  la  que  alberga  una  mayor importancia para la sonoridad del instrumento, de ahí que su elección sea muy importante.

Siempre que nos sea posible, la fabricaremos de una sola pieza; en caso  contrario,  encolaremos dos piezas longitudinalmente y las reforzaremos por el lado interior de la caja con una  fina  lámina  de madera de pino o de balsa.

En su parte superior haremos un rebaje circular en canaleta que nos permita alojar los aros de marquetería que adornan la boca o tarraja.

Estos aros se construyen a  partir  de  tiras  de  marquetería,  que  podemos comprar en tiendas especializadas y que  se  comercializan  en  multitud  de formas, colores y grosores y cuya venta,  va  destinada  mayoritariamente  a luthiers y artesanos. Estos mismos remates, se utilizan también para filetear     los bordes de la tapa.                                                           .                                                                                                         

                                                                                                                                                                     Roseta

 Tiras de marquetería   

Dada su fragilidad, (no debemos olvidar que son pequeños trocitos de madera encolados entre sí) debemos de tratarlos con agua hirviendo para  ablandarlos  y  de  esta  forma  poderlos  manipular dándoles la forma precisa sin que se rompan.

Para adornar la boca, fabricaremos un rosetón  mediante la unión de varios aros  encolados  entre sí.

Posteriormente los alojaremos en el rebaje practicado en la tapa  a  tal  efecto,  encolándolo  en  el hueco y lijándolo a ras.

Si disponemos de una pequeña fresa,  facilitaremos  enormemente  el  trabajo  (nada fácil)  de  los rebajes y a su vez aseguraremos un acabado de mayor calidad y estética.

Ayudados de la sierra de pelo recortaremos la boca que contará con un diámetro de 55 mm y cuyo centro distará del borde de la tapa 95 mm., tal y como se indica en el plano.

Una vez insertada la marquetería, lijaremos la tapa hasta reducir su grosor a 3 mm.,  para  ello  nos será de gran ayuda la lijadora orbital.

Cuando  el  lijado  de  la  tapa  se  realiza  a  mano,  debe de emplearse el taco de lija para que el espesor obtenido al final del proceso sea lo mas uniforme posible.

Con ayuda de la fresa, practicaremos un rebaje de 1.5 mm.  de profundidad y 2,5 mm. de ancho a lo largo de todo el borde exterior de la tapa.

Rebaje exterior mediante fresa

Esta pequeña canaleta albergará el filete de marquetería que  servirá  de  adorno a la  tapa  y  que una vez encolado, debemos de lijar hasta situarlo a ras de la misma.

Por ser la tapa  armónica  la  parte  del  instrumento  que  junto  con  el  puente  soporta  una mayor tensión, debemos reforzar su estructura  con  el  objeto  de  mantener  la  estabilidad  después  del encordado y de esta manera evitar cualquier deformación de la misma.

Para ello fabricaremos tres varetas en madera de pino que posteriormente encolaremos en la cara interna de la tapa dispuestas en abanico.

Su grosor no excederá de 3 mm. y su cara vista, deberá cantearse en redondo al igual que las puntas.

 

 

Tapa armónica montada

  

Piezas de hueso en bruto sin mecanizar 

Para fabricar la selleta del puente y la cejuela, necesitaremos dos piezas de hueso que podemos encontrar en bruto en tiendas de música.

Habitualmente el material es hueso procedente de animales  obtenido  en  mataderos, aunque también es frecuente la micarta (hueso artificial de calidad similar al anterior).

Son desaconsejables  plásticos y maderas tanto por su poca calidad para tal fin como por su mala vejez.

En instrumentos de 1ª calidad se utiliza el marfil de  colmillo  de  elefante,  de  morsa  o  de  mamut fosilizado (petrificado) que procede de Siberia. Aunque la calidad de todos ellos es elevada, no se justifica el uso de estos materiales ya que por un lado sus virtudes no difieren  de  las  del  hueso  y por otro su escasez eleva su precio notablemente.

Para la cejuela precisaremos una pieza de al menos 55 milímetros de largo,  con  un  grueso  de  4 milímetros y una altura de 10.

La  pieza  que  emplearemos  para  hacer  la  selleta del puente deberá de contar con un largo  de unos 75 milímetros, con un alto de 7 y un espesor de 2.

A partir de estas piezas en bruto, mecanizaremos la cejuela y la regleta  del  puente  ciñéndonos  a las medidas que se detallan en el siguiente croquis.

 

 

Dispondremos de un pequeño torno que nos permita sujetar la pieza de hueso para poderla trabajar, y mediante una sierra de corte   fino,  marcaremos  las  pequeñas  canaletas  que  darán cobijo a las cuerdas. Posteriormente utilizaremos una sierra de pelo de sección cilíndrica para darles a estas forma semicircular.

El  acabado  de  la  pieza   se  obtiene  mediante  lijados  finos y posterior pulido.

 

     Mecanizado de la cejuela

Para  la  fabricación  del  puente,  existen  varias  soluciones.  En  nuestro trabajo hemos elegido el puente clásico, similar al de la guitarra española.

Este tipo de puente para guitarra, fue inventado por el maestro Aguado en  el  año  1824,  y  desde entonces, son muchos los artesanos de charangos que lo fueron incorporando en  sus  ejemplares.

La madera elegida en nuestro caso, ha sido  el  “palo  de  hierro”  al  igual  que  para  el  diapasón. Funcionalmente es una madera perfectamente válida y estéticamente también, ya que lo deseable es que ambas piezas sean fabricadas de un mismo material.

A  partir  de  una  pieza  de  115 mm.  de  longitud,  20  de ancho y 10 de altura, mecanizaremos el puente tal y como se muestra en el siguiente croquis.

 

Perfilaremos   la   pieza   con   una  pequeña   sierra  de   costilla  y  la  ultimaremos  con escofina y posteriormente lima plana y lija fina.

Mecanizado del puente

El  puente  es  susceptible  de  incorporar  en  su  acabado, ornamentos como: nácar, hueso o incluso   marquetería.  En  nuestro  ejemplo,  incrustaremos  dos  botones  de  hueso,  para  lo  cual fabricaremos un pequeño cilindro de este  material   y  lo  insertaremos  a  presión  en  los  orificios practicados previamente con la barrena. 

Después cortaremos el sobrante con sierra de pelo y lijaremos hasta igualar.

Con  barrena  de  2  mm.  perforaremos  los  conductos  por  los  que  discurrirán  las  cuerdas.  La distancia del primero al último de los conductos, la fijaremos  en  66  mm. y  los  dispondremos  en cinco ordenes equidistantes por parejas atendiendo a las medidas del croquis.

  

Para terminar, encajaremos la selleta en la ranura dispuesta a tal fin.

  

Seguidamente procederemos al encolado del diapasón sobre el mango. Para ello utilizaremos cola blanca para madera.

Dado que vamos a encolar dos piezas de distintas maderas y teniendo en  cuenta   que  el   secado  de   la  cola  tiende  a  provocar   un  ligero encogimiento en las mismas,  es probable que se  produzca  un arqueo en el diapasón malogrando su horizontalidad y haciéndolo inservible.

Para evitar que esto suceda, precisaremos de  una  superficie  plana  y completamente recta sobre la que  haremos  descansar  el  instrumento boca abajo. Lo inmovilizaremos  con  sargentos  y  vigilaremos  que  los trastes permanezcan en total contacto con la superficie plana durante el tiempo de secado  de  la  cola.  (Habitualmente  en  la  construcción  de instrumentos   de  cuerda,  suelen  encolarse  ambas   piezas  antes  de construir la regla, posteriormente  se planifica la superficie de la misma y por último se practican los encajes de los trastes y se colocan.)            

      Encolado del mango    

Rematando tacón

Una vez concluido el secado, lijaremos el mango aproximándolo a los bordes  del  diapasón  hasta lograr su acabado y al tiempo daremos forma definitiva al tacón.

Rematando pala

Por otro lado, concluiremos el acabado de la pala  utilizando  escofinas   y   lija   para   rematar  las piezas de contrachapado y la greca de marquetería, que previamente habíamos preparado.

Con la cuchilla, daremos forma a las chapas de remate y  las encolaremos  a  la  pala  junto  con la greca, lijando esta última hasta lograr un plano homogéneo.

Tintado de la caja

El tintado del instrumento (pala, mango y caja), es potestad del constructor y va un poco en  función de gustos, del resultado buscado  y  por  supuesto  de  las  maderas  elegidas  para  desarrollar  el trabajo. Por tanto, si optamos por  un  acabado  natural  de  la  madera,  saltaremos  este  proceso pasando directamente al barnizado del instrumento.

En nuestro ejemplo, vamos a utilizar tinte que resalte el contraste de color con la tapa armónica (en acabado natural).

En  casas  especializadas en  materiales  de bricolaje,  podemos adquirir  anilinas  en  polvo  para disolver en agua o bien tintes ya listos para su aplicación  (habitualmente compuestos  de  anilinas al alcohol). Ambos productos se comercializan en una amplia gama de tonos.

Finalizado el proceso de tintado

Antes  de  pasar  al   barnizado  del  instrumento,  debemos  encolar  el puente. Es éste un proceso delicado al que merece la pena dedicar el tiempo necesario.

Es importante que toda la  base  del  mismo  quede  en  total  contacto  con  la  tapa  armónica  (en procesos industriales existen incluso máquinas que efectúan el encolado al vacío para evitar poros y lograr un contacto uniforme).

Una vez encolado el puente, aplicaremos dos  o  tres  manos  de  goma  laca a  la  tapa  armónica. Entre capa y capa, puliremos la  superficie  de  la  misma  con  lana  de  acero.  (Este  material,  de aspecto similar al estropajo, se comercializa  en  madejas  que  podemos  adquirir  en  tiendas  de bricolaje, pudiéndose emplear incluso sobre barnices).

Por último aplicaremos  dos  manos  de  barniz  de  poliuretano  a  todo  el  instrumento.  (Si   fuera necesario puliremos nuevamente con lana de acero al terminar la primera de ellas).

De cara a un buen acabado, barnizaremos con paletilla de esponja  o en  su  defecto  paletilla  con cerda de calidad (específica para lacados).

Como prevención  a  los  eventuales  desgastes  producidos  por  roces  en  la  tapa  armónica,  es conveniente   fabricar  unos  golpeadores  que   preserven   la   zona  de  mayor  riesgo.  Para  ello, ayudados de una plantilla y  a  partir d e  una  pieza  en  bruto,  recortaremos  dos  protectores  que situados a ambos lados de la boca, salvaguardan prácticamente la mitad superior de la tapa.

El material empleado se puede adquirir en tiendas de  música  en  láminas  de  distintos  tamaños, colores y acabados. Habitualmente son plásticos nacarados o transparentes que disponen de una cara autoadherente  para facilitar su colocación.

En un siguiente paso, colocaremos la selleta y la cejuela rectificando si fuera necesario la altura de las mismas, de tal forma que se adecuen a nuestro gusto.

Tan solo nos queda la colocación de los clavijeros para poder encordar el instrumento. La elección de estos va en función de gustos y posibilidades.

Inicialmente se fabricaban  las  clavijas  en  maderas duras que se insertaban  directamente  en  la pala. Este método aún se  conserva  hoy  en  día  y  al igual que sucede  con  la  guitarra  flamenca, abundan los puristas que lo prefieren,  aunque resulta, cuando menos,  incómodo  y poco operativo.

 

Clavijeros mecánicos

Habitualmente  se   emplean   los   clavijeros   mecánicos,   más   cómodos   y   prácticos  que   sus predecesores y en la actualidad, de uso extendido a la mayoría de instrumentos de cuerda. 

No es sencillo conseguir clavijeros de  10  cuerdas  específicos para  charango  y  si  optamos  por encargarlos a un constructor, el precio se elevará  notablemente.  Por  ello  el  recurso  mas  airoso puede ser el de retocar un clavijero de bandurria o laúd, al que le cortaríamos una  clavija  de  cada lado, dejando en número de cinco, las seis que inicialmente posee cada pieza.

Una solución alternativa y no menos práctica, es la de optar por clavijas individuales, que podemos encontrar  en el mercado, en diferentes formas y acabados.

Por último encordaremos el instrumento. Existen varias formas  de  hacerlo  y  en  nuestro  ejemplo hemos optado por la siguiente propuesta:

CUERDA

TONO

CORDAJE

SI

4ª CUERDA DE CHARANGO

SI

4ª CUERDA DE CHARANGO

MI

5ª CUERDA DE CHARANGO

MI

5ª CUERDA DE CHARANGO

SI

3ª CUERDA DE GUITARRA

SI

4ª CUERDA DE CHARANGO

SOL

2ª CUERDA DE CHARANGO

SOL

2ª CUERDA DE CHARANGO

RE

2ª CUERDA DE GUITARRA

10ª

RE

2ª CUERDA DE GUITARRA

Con esta combinación de cuerdas obtenemos una afinación  dos  tonos  y  medio  por  debajo  del charango tipo, lo cual sitúa sus escalas entre éste y el ronroco en  su encordado  habitual;  con  ello se obtiene una tesitura intermedia de timbres mas agradables al oído.

Vistas del instrumento terminado

 

 

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